Nuestra Señora de la Consolata

Querida Señora nuestra ruega por nosotros.

2º Encuentro de Universitarios y Profesionales

Jesús Camino Verdad y Vida. Sn Juan 14:6---Lideres en la Nueva Evangelización.

Pastoral Universitaria y Profesional

Te invitamos a ser parte de este grupo donde podrás encontrar tu identidad cristiana a través de tus estudios y profesiones, !!Te Esperamos!!.

Pentecostes-Ven Espirítu Santo

Somos el pueblo de Dios, la Iglesia que el dirige, líderes del Evangelio de Cristo.

Señor Jesus

Tu Palabra resuena en Nuestro interior y solo así escuchamos y proclamamos tu grandeza.

martes, 21 de agosto de 2012

PREGUNTA DECISIVA


El evangelio de Juan ha conservado el recuerdo de una fuerte crisis entre los seguidores de Jesús. No tenemos apenas datos. Solo se nos dice que a los discípulos les resulta duro su modo de hablar. Probablemente les parece excesiva la adhesión que reclama de ellos. En un determinado momento, "muchos discípulos suyos se echaron atrás". Ya no caminaban con él.

Por primera vez experimenta Jesús que sus palabras no tienen la fuerza deseada. Sin embargo, no las retira sino que se reafirma más: "Las palabras que os he dicho son espíritu y son vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen". Sus palabras parecen duras pero transmiten vida, hacen vivir puescontienen Espíritu de Dios.

Jesús no pierde la paz. No le inquieta el fracaso. Dirigiéndose a los Doce les hace la pregunta decisiva: "¿También vosotros queréis marcharos?". No los quiere retener por la fuerza. Les deja la libertad de decidir. Sus discípulos no han de ser siervos sino amigos. Si quieren puede volver a sus casas.

Una vez más Pedro responde en nombre de todos. Su respuesta es ejemplar. Sincera, humilde, sensata, propia de un discípulo que conoce a Jesús lo suficiente como para no abandonarlo. Su actitud puede todavía hoy ayudar a quienes con fe vacilante se plantean prescindir de toda fe.

"Señor, ¿a quién vamos a acudir?". No tiene sentido abandonar a Jesús de cualquier manera, sin haber encontrado un maestro mejor y más convincente: Si no siguen a Jesús se quedarán sin saber a quién seguir. No se han de precipitar.No es bueno quedarse sin luz ni guía en la vida.

Pedro es realista. ¿Es bueno abandonar a Jesús sin haber encontrado una esperanza más convincente y atractiva? ¿Basta sustituirlo por un estilo de vida rebajada, sin apenas metas ni horizonte? ¿Es mejor vivir sin preguntas, planteamientos ni búsqueda de ninguna clase?

Hay algo que Pedro no olvida: "Tú tienes palabras de vida eterna". Siente que las palabras de Jesús no son palabras vacías ni engañosas. Junto a él han descubierto la vida de otra manera. Su mensaje les ha abierto a la vida eterna. ¿Con qué podrían sustituir el Evangelio de Jesús? ¿Dónde podrán encontrar una Noticia mejor de Dios?


Pedro recuerda, por último, la experiencia fundamental. Al convivir con Jesús han descubierto que viene del misterio de Dios. Desde lejos, a distancia, desde la indiferencia o el desinterés no se puede reconocer el misterio que se encierra en Jesús. Los Doce lo han tratado de cerca. Por eso pueden decir: "Nosotros creemos y sabemos". Seguirán junto a Jesús.

José Antonio Pagola".
FTE: Parroquia San Vicente Martir de Obando - Bilbao. 


Aunque largo sea el camino y el cansancio acedie màs grande es la recompensa del que saber seguir adelante y llegar hasta el final, estimados compañero ese es el mensaje que quiero que meditemos esta semana, luchemos por que este proyecto sea realidad sabemos que con su ayuda y la ayuda de Jesús lo lograremos.

Bendiciones!!!

EDER F BOLAÑO ROCHA
VICE..PUP 

miércoles, 8 de agosto de 2012

Gustad y ved qué bueno es el Señor


Lectura del santo evangelio según san Juan (6,41-51):

En aquel tiempo, los judíos criticaban a Jesús porque había dicho: «Yo soy el pan bajado del cielo», y decían: «¿No es éste Jesús, el hijo de José? ¿No conocemos a su padre y a su madre? ¿Cómo dice ahora que ha bajado del cielo?»
Jesús tomó la palabra y les dijo: «No critiquéis. Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me ha enviado. Y yo lo resucitaré el último día. Está escrito en los profetas: "Serán todos discípulos de Dios."
Todo el que escucha lo que dice el Padre y aprende viene a mí. No es que nadie haya visto al Padre, a no ser el que procede de Dios: ése ha visto al Padre. Os lo aseguro: el que cree tiene vida eterna. Yo soy el pan de la vida. Vuestros padres comieron en el desierto el maná y murieron: éste es el pan que baja del cielo, para que el hombre coma de él y no muera.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.»

Palabra del Señor

JESÚS ES EL PAN VIVO

jueves, 2 de agosto de 2012

DOMINGO 29 DE JULIO DE 2012


El discurso del pan de vida: la multiplicación de los panes

La liturgia dominical interrumpe la lectura continua del Evangelio de Marcos (ciclo B) y durante cinco semanas nos propone considerar el capítulo sexto del Evangelio de Juan, el discurso del pan de vida. Contra lo que podría parecer, el cambio no resulta demasiado brusco, porque el domingo pasado contemplamos a Jesús como un buen pastor que siente lástima de la multitud que andaba como ovejas sin pastor. Terminaba entonces el Evangelio diciendo que Jesús “se puso a enseñarles con calma”. Hoy, en el Evangelio de Juan, vemos que, en una situación similar, Jesús no sólo enseña, sino que se preocupa de alimentar a esa multitud, que le había seguido “porque había visto los signos que hacía con los enfermos”. La capacidad de compasión de Cristo no se concentra sólo en los problemas del espíritu, sino que mira también las necesidades del cuerpo: la enfermedad y el hambre. No puede ser de otro modo en quien es la Palabra hecha carne, por el que la carne, la corporalidad humana se convierte en sacramento de la presencia de Dios en nuestro mundo.
Una multitud en un lugar apartado crea realmente un problema logístico. ¿Cómo alimentar a tanta gente? Jesús implica a sus discípulos más cercanos en el problema, e interroga a Felipe. La respuesta del apóstol es razonable, pero no exenta de generosidad: ni siquiera gastando todo lo que tenían a disposición en la bolsa común, unos doscientos denarios, podrían alimentar a tantos. El problema excedía las fuerzas humanas de los apóstoles, por más buena voluntad que quisieran ponerle.
La solución va a venir por medio de la escasa provisión de “un muchacho”, que, por lo que se deduce del texto, está dispuesto a compartir lo poco que tiene. Nos viene a la memoria que precisamente de los que son como niños es el Reino de los Cielos (cf. Mc 10, 14); pero podemos también recordar al “muchacho” de los poemas del siervo de Yahvé (cf. Is 42, 1; 52,13), que representa a Jesús mismo, que se ha hecho pobre para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Cor, 8, 9). Jesús nos enseña que poniendo a su disposición la propia pobreza con generosidad y confianza los bienes se multiplican y alcanzan para muchos. El milagro consiste en compartir para repartir.
La multiplicación de los panes trasciende, como es fácil de entender, la dimensión meramente material o logística. No se trata sólo de un milagro que sacia el hambre de la multitud, sino, sobre todo, de un “signo” que significa la presencia actual del Reino de Dios, que nos enriquece de otros bienes que los puramente materiales (la salud del cuerpo y el pan que sacia su hambre). La cercanía de la pascua, indicada al principio del Evangelio, y el gesto de acción de gracias, antes de repartir el pan, aluden al sacrificio de Cristo en la cruz y al pan eucarístico, memorial de su Pasión: no sólo la solución del problema puntual (que también requiere respuesta), sino la salvación radical y definitiva que Jesús ha venido a traernos: la comunión con Dios Padre y entre nosotros, la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz de que habla Pablo en la segunda lectura. No es posible formar un solo cuerpo en un solo Espíritu si no somos capaces de compartir la fe en el único Señor, pero también nuestro pan.
Las obras de misericordia y las acciones de solidaridad realizadas por la Iglesia y los cristianos, como remediar el hambre de los pobres o el dolor de los enfermos, se han de hacer precisamente porque hay personas que sufren hambre y enfermedad y que, como en el caso de Jesús, deben despertar nuestra compasión y movernos a la acción. Pero esas acciones tienen que ser además “signos” que hablan de la presencia en el mundo del Reino de Dios, de Jesucristo que nos lo ha traído, de un corazón nuevo en aquellos que han aceptado la Palabra y a la persona de Jesús, de nuevas relaciones entre los seres humanos.
De hecho, en el Evangelio de hoy, las gentes que comen hasta saciarse algo perciben de esa presencia que va más allá de la materialidad del pan multiplicado. Conocían sin duda el episodio del profeta que dio de comer a cien con veinte panes, y vieron que lo realizado por Jesús, que excedía con mucho el milagro de Eliseo (cinco mil alimentados con cinco panes, y todavía sobraron doce canastas), era signo del “Profeta que tenía que venir al mundo”. Pero, al parecer, en ellos pudo más el interés inmediato; de ahí que, más que escuchar al profeta, quisieran hacerlo a la fuerza rey, esto es, investirlo de poder político y militar, pues un líder dotado de tales poderes había de ser invencible. El mesianismo político-militar tenía para ellos más atractivo que la palabra profética desprovista de poder. En la voluntad de hacer de Cristo un rey al uso de los reyes de este mundo se esconde la otra voluntad, que al parecer acompaña permanentemente a los hombres en sus relaciones con Dios: la de manipularlo y ponerlo al servicio de los propios intereses particulares (que, por cierto, son opuestos a otros grupos humanos, a los que “nuestro” Dios habría de combatir y derrotar).
Se entiende que Jesús, “sabiendo que iban a llevárselo para proclamarlo rey, se retiró a la montaña él solo”. Aunque las ausencias de Dios y de Jesucristo en la vida del creyente pueden tener diversos significados que es preciso discernir adecuadamente, hoy se nos avisa que una de sus posibles causas es precisamente la voluntad de hacer de Jesús y de Dios el talismán que resuelve de manera mágica nuestros problemas, y no la Palabra que hemos de escuchar, y que si realiza “signos” que escapan a nuestras capacidades (por ejemplo, a nuestro presupuesto), no por eso deja de contar con nosotros, de preguntarnos, de implicarnos en los problemas reales que se apresta a resolver, para que participemos activamente con nuestra generosidad (lo poco que podamos aportar) y nuestra confianza. Sólo así nuestra vida cristiana personal y comunitaria puede irse convirtiendo ella misma en un signo profético que multiplica el bien y habla con elocuencia de la presencia entre nosotros de Cristo, Profeta y Rey de un Reino que no es de este mundo.

jueves, 19 de julio de 2012

DOMINGO 22 DE JULIO DE 2012


Jesús da de comer a mucha gente
Marcos 6, 30-34

"Los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús, y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.Pero eran tantos los que iban y venían, que ni tiempo tenían para comer. Entonces Jesús les dijo: «Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas.» 

Y él y los apóstoles se fueron en una barca a un lugar apartado. Pero la gente que los vio partir adivinó hacia donde iban. Así, la gente de todos los pueblos cercanos se fue a ese lugar, y llegó antes que Jesús y sus discípulos. 

Cuando Jesús bajó de la barca, vio la gran cantidad de gente que se había reunido y les tuvo compasión, porque parecían ovejas sin pastor. Entonces empezó a enseñarles muchas cosas. "



Pistas para la lectura 


Queridos amigos: 


Luego del episodio que compartimos el Domingo pasado, el envío misionero de los Doce, Marcos intercala el relato de la muerte de San Juan Bautista desde el versículo 14 hasta el 29. Dice el texto que los Apóstoles le cuentan al Señor todo lo que han “hecho y enseñado”. Estas dos palabras, estos dos verbos, hacer y enseñar, son muy importantes porque marcan la continuidad de la tarea de los Apóstoles con respecto a la de Jesús. En los primeros capítulos de Marcos se describe a un Jesús, Mesías que revela el Reino con “hechos y palabras”, “haciendo y diciendo”, “liberando del mal y proclamando el Evangelio”. La tarea de los discípulos y la tarea de la Iglesia de Jesús por todos los siglos es la misma: hacer presente el Reino con hechos y palabras. Ni solo hechos ni solo palabras sino palabras que “expliquen” los hechos, hechos que den autoridad a las palabras. Esta es en definitiva la clave de la misión que nos enseña Jesús. 

La tarea de proclamar el Reino con hechos y palabras es intensa, muy intensa a tal punto que 
puede ser agotadora. Es así que el Señor, al ver que no les queda tiempo ni para comer, para hacer lo básico e indispensable para sostener la vida, invita a sus discípulos a descansar. La frase es muy sugestiva: “Vengan, vamos a un lugar tranquilo para descansar a solas”. 

Los discípulos aceptan la invitación del Maestro y se van en la barca a un lugar apartado. Sin 
embargo, la gente, que sigue a Jesús y también a sus discípulos, captan los movimientos y llegan antes que ellos al lugar donde se dirigían. ¿Qué hace Jesús?  Cuando baja de la barca ve a la multitud con ojos de profunda misericordia, con ojos de Dios. 

Dice el relato que Jesús tiene compasión porque están como ovejas que no tienen pastor. En ese momento comienza a nuevamente su tarea. No sabemos si pudieron o no descansar… El hecho es que Jesús se comporta como un auténtico pastor y atiende la necesidad de la gente, del pueblo.

¿A qué me comprometo? ¿A qué nos comprometemos? 


Propuesta personal 
• Redimensionar mi vida de oración aprendiendo a tener una relación más cordial con el Señor “contándole” todo lo que me pasa en mi vida. 


Propuesta comunitaria 


• Dentro de los jóvenes: ¿cuáles son de manera particular las “multitudes” que andan desorientadas, como ovejas que no tienen pastor? El desafío: ¿qué pueden hacer ustedes cómo jóvenes para en nombre de Jesús, orientar evangélicamente a estos hermanos? 


Fuente:http://lectionautas.com/




LA ORACIÓN


10 cualidades de la meditación del laico
(fragmentos)

El laico vive en condiciones que hacen más difícil la meditación, la paz interior y la vida de oración 
Autor: P. Evaristo Sada LC | Fuente: la-oracion.com


Considerando la condición de vida del laico, creo que algunas características de su estilo de oración deberían ser las siguientes:

1. Que busquen sobre todo la vida de oración, entendida como una relación de amistad con Dios a lo largo de la jornada; una relación estable, un estado. La oración no como algo paralelo a la vida cotidiana... La relación con Dios es mucho más profunda y va mucho más allá que una actividad que dure 5, 15 ó 30 minutos al día. La vida de oración es cuestión de identidad.

2.Que la jornada sea búsqueda y hallazgo de Dios a lo largo del día,  Todo es transparencia de la presencia de Dios, todo es voz que comunica la Palabra: el alba, la luz, el trabajo, las personas, las voces, los silencios, los árboles, las nubes, la lluvia, la comida, las ideas, loséxitos, los fracasos, las sonrisas, las tristezas, las caricias, las heridas, la oscuridad, las estrellas. "Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad, de forma que son inexcusables." (Rm 1,20).

3. Que busquen espacios de silencio y soledad, tiempos fuertes reservados y dedicados exclusivamente al encuentro consigo mismos y al trato de amistad con Jesucristo. Que para ello busquen o se hagan un tiempo diario para Dios, en un lugar que favorezca elrecogimiento y libre de interrupciones. Es difícil y exigente, pero indispensable. En un principio cuesta, pero luego se convierte en una necesidad. Requiere orden, disciplina, mortificación y constancia, pero si no quiere morir de hambre tiene que darse tiempo para comer: "He aquí que yo estoy a la puerta y llamo: si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él y él conmigo." (Ap 3,20) El silencio exterior será el camino para hacer silencio interior y descubrir la presencia de Cristo en su corazón, por la gracia.

4.Que encuentren en la meditación una respuesta a la intensidad de la vida, a la dispersión mental y al reclamo profundo del corazón. En medio de tanto ruido, tantos estímulos, tantas prisas y presiones, la oración personal se convierte para el laico en una necesidad. La oración no debería verse como algo más que meter a presión en un horario ya de por sí saturado, como una carga o compromiso, sino como descanso y liberación, remanso de paz, fuente de inspiración para seguir adelante...

5.Que su meditación sea encuentro con un Amigo que llevan dentro. La meditación es encuentro personal con Quien está siempre pensando en mí, que nunca jamás me abandona ni me suelta aunque le falle o no le ponga atención, con el Dios que me escruta y me conoce, para quien todas mis sendas le son familiares (cfr. Salmo 139), que es misericordioso aunque le ignore o le rechace, que habita en mi corazón como dulce huésped del alma. Que en ese encuentro diario hallen respuesta a la búsqueda mutua de fidelidad e intimidad: la de Dios y la suya propia.

6. Que descubran en la meditación cristiana un camino capaz de integrar y unificar la existencia: Como constataba el Card. Ratzinger en la introducción a la carta "Orationis formas", hay una nueva conciencia de la unidad de la persona humana, de su corporeidad y espiritualidad; de la necesidad de un principio unificador del cosmos y de la propia existencia. La meditación integra el mundo en que vivimos, las personas con que nos relacionamos, los problemas, todo el acontecer de la vida cotidiana, la propia historia (pasado, presente y futuro), el origen y el fin. 

7.Oración de quien sabe disfrutar la vida y que alaba y agradece al Creador a lo largo de la jornada por tantas experiencias maravillosas que ofrecen el amor humano, la familia, la naturaleza, el desarrollo, la vida social, la cultura, el arte, la ciencia... Oración de quien al palpar los límites y la caducidad de las cosas materiales y de los hombres, y experimentar la fugacidad inexorable de la vida, se adhiere con fe y confianza a la roca firme del amor de Dios, del que no puede dudar aunque no siempre lo sienta.

8. Que su meditación brote de su vida ordinaria: la familia, las amistades, el peso de las responsabilidades, las alegrías y tristezas, los triunfos y fracasos, los problemas de la vida, los sufrimientos, las decisiones que tomar, el trabajo, la economía, la misión... Oración del buscador que al analizar su vida y antes de tomar decisiones se pregunta cómo obraría Cristo; y que encuentra inspiración y respuesta en la Sagrada Escritura y en la Eucaristía la fuerza para obrar en consecuencia. Es decir, que el laico haga el hábito de acordarse de Dios a lo largo del día, que no viva como si fuera un huérfano, sino que recuerde que allí a un paso tiene a su Padre para pedirle ayuda, consejo, fortaleza.
"Sin la oración diaria vivida con fidelidad, nuestro obrar se vacía, pierde el alma profunda, se reduce a un simple activismo que nos deja insatisfechos. Todos los pasos de nuestra vida, todas las acciones deben ser hechas ante Dios, en la oración, a la luz de su Palabra. Cuando la oración se alimenta con la Palabra de Dios, se ve la realidad con ojos nuevos, con los ojos de la fe, y el Señor, que habla a lamente y al corazón, da nueva luz al camino en cualquier situación. Nosotroscreemos en la fuerza de la Palabra de Dios y de la oración. Si los pulmones de la oración y de la Palabra de Dios no alimentan la respiración de nuestra vida espiritual, nos arriesgamos a ahogarnos en medio de las mil cosas de todos los días. La oración es la respiración del alma y de la vida". (Benedicto XVI, Ciudad del Vaticano, 25 de abril de 2012).

9. Que su meditación sea la propia de un bautizado, hijo de Dios, llamado a ser como Cristo; oración del hombre con un proyecto: la propia identificación con Cristo. Que bien parado en la tierra mantenga la mirada en alto, oteando siempre la otra orilla, donde está Cristo con los brazos abiertos en la puerta del cielo. Que los límites, fracasos y frustraciones de esta vida le ayuden a conocerse mejor y a buscar su realización en la belleza que no marchita. Que la experiencia del misterio tremendo y fascinante del Dios que habita en su corazón desde el día de su bautismo, le lleve a buscar y a gustar la felicidad verdadera.

10.Meditación desde la propia vocación y misión de ser testigo de la experiencia de Cristo, sal de la tierra, levadura en la masa, apóstol con la misión de colaborar con Cristo en la instauración de Su Reino en el mundo y en la historia.


No pretendo abrumar a nadie, todo lo contrario. Una oración así es don del Espíritu Santo y es lucha de toda una vida. El Espíritu Santo trabaja siempre en sinergia, quiere que le pidamos con insistencia que queremos orar así, y que entremos con decisión al combate de la oración.