miércoles, 1 de junio de 2011
sábado, 14 de mayo de 2011
NUEVO PROCESO DE FORMACIÓN PARA AGENTES DE PASTORAL UNIVERSITARIA
17:01
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La pastoral universitaria y profesional Jóvenes para Cristo ha decidido por mutuo acuerdo de sus integrantes iniciar un nuevo proceso con el cual pasaremos a un nuevo nivel para la evangelización, misioneros de Cristo.
Te invitamos a ser agente motivado por el Espíritu santo que se manifiesta, colocando tus talentos, capacidades y habilidades al servicio de tu comunidad siendo líder aprendiendo a serlo....
¡¡No pierdas esta oportunidad!!
sábado, 26 de marzo de 2011
Tercer Domingo de Cuaresma
16:00
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¿Quién de nosotros no le teme y huye a la soledad, a la tristeza, al vacío, al sufrimiento y dolor? ¿Quién no anhela ser feliz? Diariamente, incluso sin ser conscientes de ello, nos vemos impulsados por ese anhelo de felicidad que nos lanza a buscar incesantemente por aquí y por allá, probando de esto o lo otro, para encontrar aquella fuente en la que podamos apagar nuestra sed de felicidad. Todos nosotros podemos reconocer en este ir y venir de la samaritana al pozo en busca de un poco de agua, cómo en nuestra propia vida buscamos incesantemente un agua que apague una sed profunda, nuestra sed de felicidad.
Pero una cosa es saciar esa sed definitivamente y otra calmarla de momento. Muchos creen que van a resolver su sed de felicidad como la samaritana: “llenando” su vida, su vacío interior, su anhelo de ser felices, con la compañía, la seguridad, el afecto o incluso la satisfacción sensual que le producen ciertas relaciones. Si no encuentran agua en un “pozo” y fracasan, buscarán saciar su sed en otro “pozo”. Así andan de pozo en pozo, sin saber cómo resolver verdaderamente esa sed de felicidad. No hacen sino vivir llenando vacíos y “tapando huecos” de día en día, procurando llenar ese vacío de infinito con experiencias que lejos de apagar la sed la agudizan cada vez más, la hacen cada vez más cruel.
¿Cómo saciar definitivamente mi sed de felicidad? Cristo nos invita a acudir a Él. Él no solo tiene la respuesta: ¡Él es La Respuesta! Sí, el Señor Jesús nos permite comprender el origen de esta sed así como también el modo de saciarla definitivamente: «el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás» (Jn 4,14). Y es que la sed de felicidad que experimenta todo ser humano, que experimentamos tú y yo en lo más profundo de nuestro ser, es en realidad una sed de Dios, y como tal, no podrá ser saciada finalmente sino solamente por Él.
En este acudir a Cristo no se trata de renunciar a las fuentes de alegría de las que Dios lícitamente ha querido que gocemos en nuestro terreno peregrinar. Pero tampoco se trata de quedarnos en ellas, o de aferrarnos a ellas cuando Dios nos pide dar un paso más. Son una invitación a volver nuestros ojos a Dios mismo, la fuente de donde nos vienen tantas alegrías, para darle gracias y buscar en Él esa agua viva que apague definitivamente, y por toda la eternidad, nuestra sed de felicidad.
viernes, 4 de marzo de 2011
DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER
20:54
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En cada aroma que sientas en la tierra, en cada amor que rebeles con tu mirada, en cada abrazo que entregues, hay una mujer que demuestra que es mujer mostrando su amor.
Porque tú eres niña, joven, madre, abuela, y mucho más tu eres la confidente de Dios en el secreto de la vida, apasionada por tus metas y por quienes tu amas.
Solo podemos decirte.
¡FELIZ DIA!
viernes, 25 de febrero de 2011
DOMINGO 27 DE FEBRERO 2011
19:01
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Continuamos este domingo con la enseñanza que da Jesús a sus discípulos en el monte. Recordemos que él está sentado, enseñando a todo aquel que se acerca a él y se sienta a sus pies, para escuchar su Palabra y comprometerse en su Escuela de vida y santidad.
El tema de hoy podríamos sintetizarlo en dos puntos claves y sencillos: la opción total por Jesús y la confianza plena en el Padre Dios.
Jesús no nos quiere divididos, con dos señores que dirijan nuestra vida. El que tiene su corazón dividido entre dos amores, no sabe darse en plenitud, se cuida, es egoísta e interesado, es oportunista e infiel. Puede parecernos exagerado, pero Jesús nos quiere todo para él. Es Maestro que atrae, que absorbe y centraliza nuestro corazón: o todo o nada. Él nos dice: “Tú no puedes estar dividido entre dos señores. Te quiero todo para mí, entregado plenamente a mí, porque yo me di totalmente a ti”.
El segundo tema es la confianza serena y firme en Dios Padre. Para ayudarnos a comprender mejor la enseñanza, parte de una realidad permanente y concreta: la preocupación diaria por los asuntos fundamentales de la vida. ¿Quién de nosotros no se preocupa por la vida, por el alimento, la salud, el vestido y hasta por la estatura y el peso? Estos son temas que acosan permanentemente la mente y el corazón humano, y llegan a ser puntos tan fundamentales, que acaban por robarnos la paz y la tranquilidad diarias.
Seis veces aparece en este Evangelio de Mateo (6,24-34) el verbo griego merimnao , que significa “preocuparse, estar ansioso por”, pero una preocupación dañina, que se vuelve angustia. Y en todas las veces encontramos la misma insistencia: “No se preocupen”. Lo que Jesús quiere de sus discípulos es que llevemos una vida sabia, serena, firme, de confianza segura en Dios.
Para esto nos propone tres actitudes sencillas: observar – discernir – confiar. Observar las aves del cielo y las flores del campo, que ni siembran, ni cosechan, ni trabajan, ni hilan, y sin embargo reciben de Dios todo su alimento y su belleza, porque son producto maravilloso de sus manos.
Viene luego el discernir o reflexionar. ¿No valemos nosotros más que las flores y las aves? ¿No somos más importantes para Dios? Si Dios alimenta y cuida las aves y las flores, ¿no cuidará con más atención y alimentará con más amor, a quienes somos sus hijos? Las aves y las flores son criaturas de Dios, nosotros somos sus hijos amados.
Por eso, la consecuencia es confiar, ponernos en las manos maravillosas del Padre bueno, que nos conoce, sabe lo que necesitamos y quiere darnos todo lo que a diario construye nuestra vida. Si hay esta confianza serena, lo primero para nosotros será buscar el Reino y su justicia, porque todo lo demás se nos dará por añadidura.










